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viernes, 1 de marzo de 2019
Ficción
Los charcos son charcos
aunque antes hayan sido baldosas
hundidas por el devenir
de los árboles.
Mañana podrían ser
horizontes despejados
o risas dulces, o mareas.
Quizás para una niña
se vuelvan riachuelo
donde jugar a pisar las rayas
que se adivinan en lo hondo.
Capaz algún atormentado
meta el pie hasta el fondo
y maldiga en idiomas de ficción
su suerte de barro y sincronía.
Yo los miro y al pasar
hay uno que me inquieta
un remolino parece bailar
en su interior.
Un aroma conocido me embriaga
una especie de recuerdo
aún futuro
me late sobre los hombros y siento
que hay algo qué saber:
La densidad del agua turbia
la porosidad del cemento
la precisa cantidad de centímetros
que separan la superficie
del final, del cordón
de mis pies
de los demás.
En el ratito que desvarío
pareciera que un mundo
diminuto
se volviera supernova
en el medio de la calle.
Pero los charcos, son charcos
casi siempre
-salvo contadas excepciones-
se mueren
cuando los toca el sol.
martes, 3 de mayo de 2016
Calle 63
Ahí, estaban, como de otra
galaxia. De cuero, un poco sucios, aproximadamente un talle 42. A simple vista
impecables, formales, para usar con un traje y hacerse el James Bond. De cerca,
se apreciaba que eran de pares diferentes. Casi algo normal: la basura de
alguien, una caridad para los descalzos, un olvido o descuido. Pero no, dos
pequeños y sanos helechos ocupaban los zapatos a falta de pies. No se les movía
ni una hojita frente al concepto de calzado, ellos estaban ahí lo más
campantes, indiferentes a nuestra angustiosa necesidad de significados.
¿Serían un regalo? Estaban en
una puerta, como esperando a alguien o invitando a entrar; un mensaje en clave
para lxs curiosxs insaciables, para lxs "Harriet la espía" del nuevo
siglo.
Una alarma de los dioses para
lxs que creen en el más acá. Un suspiro de sonidos y sabores, convocando a las
pequeñas artes de la hechicería cotidiana. A la poesía mágica de lxs tristes caminantes
con cansancio o espanto o milagro para lxs que el mundo se detiene en un portal
con zapatos-maceta.
Es que, seriamente: ¿Qué otra
cosa son unos helechos calzados, sino una convocatoria urgente a soñar?
***
Pedimos una birra en el
kiosquito y nos hicimos los intelectuales discutiendo pelotudeces. Nos sentamos
en la diagonal a seguir la manijeada. Me hizo enojar tu soberbia, te reíste de
mí. Me calenté tanto que pensé en levantarme e irme. No sé en qué momento eso
se transformó en algo sexual. Nos besamos casi con violencia, como si fuese una
manera de seguir discutiendo y peleándonos por tener razón. Reíste nuevamente,
pícaro y con los ojos llenos de diablura. Me calenté aún más, te dije que eras
un pelotudo. Lo que me gustaba de vos también me molestaba. Al poco
tiempo, sólo quedó la molestia.
***
Un seis de picas uolvidado al lado del cordón. Un sinfín de posibilidades frágiles tiradas en la
calle que da a la plazoleta. Algo tuvo que significar, de lo contrario ¿para
qué molestarse?
Un seis de picas diciendo algo
en lenguaje extranjero. Buscando unas manos extrañadas que lo levantaran del
piso y lo cargaran de fábulas y misterios. Un mensajero de los confines,
trovador de otras galaxias con poesía de buenas nuevas.
Del otro lado de las manos
extrañadas, un cuerpo. Y activando éste, una mente nativa digital con acceso a
dios a un click de distancia.
Comprar la yerba. Terminar de
silbar la canción. Sacar las llaves del bolsillo. Abrir la puerta. Correr al
perro de la silla. Prender el monitor. Teclear “qué significa el seis de picas”
en el buscador. Dejar para lo último las respuestas de Yahoo. Abrir páginas de
sitios que parecen legítimos: “astrologíaesotérica”; “tuguíainterior”;
“elblogdelyosiendo” (ese quizá no tanto). Abrir en nueva pestaña unas 10 veces.
Leer todo. Encontrar respuestas contradictorias. Agrupar similitudes.
Clasificarlas. Hacer una estadística. Ponderar una respuesta. Darse cuenta que
es bastante de mierda. Desconfiar. Sentir con intensidad lo pelotudo de desconfiar
sólo porque el resultado es adverso. Responderse que de última todo es bastante
pelotudo. Levantarse de la silla. Acariciar al perro al pasar. Poner la pava.
Sentarse a esperar. Ponerle yerba al mate. Reflexionar.
Un seis de picas olvidado al
cruzar la calle. ¿Nadie más vió la señal? ¿Es que la curiosidad nos esquiva? Un naipe tirado como botella al mar en este día de otoño en la ciudad.
Un fósforo prendido entre lo oscuro de los cables de Fibertel. Una flor de
verdad oculta entre ramos de plástico. Un secreto desnudo esperando bocas que
lo cuenten. Más allá de charlatanes y tecnología. Más acá de la intuición y la
contemplación. Desparramado en la calle, para que lo veas. Y para que por un
rato, crees, y creas.
martes, 7 de julio de 2015
Plegaria
Amor,
realmente no importa otra cosa.
Amor.
Por los que te rodean
los que te cuidan.
Por los que amaste
los que ya no están
por los que vendrán.
Amor por quienes
te hicieron crecer
por los que elegiste
y te dieron su mano.
Amor por la tierra
por el espacio
y el cielo y su incógnita
por la melancolía del mar.
Amor por las cosas,
por las que te recuerdan amores
por las que dan lecciones
sobre justicia y verdad
Amor por lo que hagas
a cada momento
amor por el acierto
por el error y su oportunidad:
Amor, por tanta herida
que necesita toda calidez
para sanar.
Amor.
Por tu cuero, tu piel
tu identidad.
Por lo que sos, aún
con el miedo, con la falta
con la irrealidad.
Amor por amar y
por nunca perder
esa forma de conocer,
de indagar.
Amor para el entendimiento
de toda cosa
de toda sustancia
de lo esencial.
Amor para entender
amor para perdonar
amor para superar
amor para levantar vuelo
para seguir aprendiendo
en otro lugar.
realmente no importa otra cosa.
Amor.
Por los que te rodean
los que te cuidan.
Por los que amaste
los que ya no están
por los que vendrán.
Amor por quienes
te hicieron crecer
por los que elegiste
y te dieron su mano.
Amor por la tierra
por el espacio
y el cielo y su incógnita
por la melancolía del mar.
Amor por las cosas,
por las que te recuerdan amores
por las que dan lecciones
sobre justicia y verdad
Amor por lo que hagas
a cada momento
amor por el acierto
por el error y su oportunidad:
Amor, por tanta herida
que necesita toda calidez
para sanar.
Amor.
Por tu cuero, tu piel
tu identidad.
Por lo que sos, aún
con el miedo, con la falta
con la irrealidad.
Amor por amar y
por nunca perder
esa forma de conocer,
de indagar.
Amor para el entendimiento
de toda cosa
de toda sustancia
de lo esencial.
Amor para entender
amor para perdonar
amor para superar
amor para levantar vuelo
para seguir aprendiendo
en otro lugar.
martes, 26 de mayo de 2015
Jazz
Ahí estás
Quién diría
jugo de naranja y humo
volutas de color subiendo por la habitación.
Escuchás ese disco y pensás
quehaceres, horarios, rutinas
el niño haciéndose adulto
pero meciéndose, bailando.
"Sí, estoy bailando", decís
es mentira que no te gusta
esta sensación de noche
tarea cumplida
final del día.
La dulce relajación del calor
tu casa
tu mesa donde escribís
comés, leés
Donde alguna vez hiciste el amor.
Tal vez con este mismo disco.
Sonreís. Hay noches y noches.
Esta tiene el gusto del cansancio dulce
la satisfacción del movimiento
de la actividad.
Pensabas, sí
en lo que se quiere
en las obligaciones
los deseos, las tinieblas...
Pero ahora estás bailando
tu cabeza empezó a marcarle el ritmo al pie
despacio, sin apuros
hoy no hay corridas
no ahora; no hay mañana más
que el humo
y el jugo de naranja.
No, no es licor ni whisky
es jugo. Nada de eso,
no hay necesidad de estereotipos
de noche y de jazz.
Encendés, sin embargo, otro cigarrillo.
Hay algo en vos que aún se resiste a tanta vida
brotando repentinamente.
Los dolores, la lucha, el miedo.
Quizá todo eso, quizá algo más.
"No importa", decís
de verdad no te vas a boicotear
por una vez que bailás
que soltás esa piel
ese aroma a verdad...
Y estás bailando.
Súbitamente bajaste las luces
despacito. El jugo
el vaso, la noche
giran. Delicia.
Las luces que se ven desde la ventana
hacen reverencias cansinas
al hombre que las baila.
Ellas también dicen
"Por una vez
que suelta esa piel..."
y sonríen.
Quién diría
jugo de naranja y humo
volutas de color subiendo por la habitación.
Escuchás ese disco y pensás
quehaceres, horarios, rutinas
el niño haciéndose adulto
pero meciéndose, bailando.
"Sí, estoy bailando", decís
es mentira que no te gusta
esta sensación de noche
tarea cumplida
final del día.
La dulce relajación del calor
tu casa
tu mesa donde escribís
comés, leés
Donde alguna vez hiciste el amor.
Tal vez con este mismo disco.
Sonreís. Hay noches y noches.
Esta tiene el gusto del cansancio dulce
la satisfacción del movimiento
de la actividad.
Pensabas, sí
en lo que se quiere
en las obligaciones
los deseos, las tinieblas...
Pero ahora estás bailando
tu cabeza empezó a marcarle el ritmo al pie
despacio, sin apuros
hoy no hay corridas
no ahora; no hay mañana más
que el humo
y el jugo de naranja.
No, no es licor ni whisky
es jugo. Nada de eso,
no hay necesidad de estereotipos
de noche y de jazz.
Encendés, sin embargo, otro cigarrillo.
Hay algo en vos que aún se resiste a tanta vida
brotando repentinamente.
Los dolores, la lucha, el miedo.
Quizá todo eso, quizá algo más.
"No importa", decís
de verdad no te vas a boicotear
por una vez que bailás
que soltás esa piel
ese aroma a verdad...
Y estás bailando.
Súbitamente bajaste las luces
despacito. El jugo
el vaso, la noche
giran. Delicia.
Las luces que se ven desde la ventana
hacen reverencias cansinas
al hombre que las baila.
Ellas también dicen
"Por una vez
que suelta esa piel..."
y sonríen.
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