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sábado, 11 de marzo de 2017

Violetas

Escribir es combatir la soledad
La propia. La ajena
Es buscar aquel rostro que nos refleje
Y ser el rostro que refleja otras miradas
Que se buscan en la multitud

Es un abrazo anónimo
Es una melodía tarareada en la esquina de nuestra memoria
Que nos recuerda a otra canción que oímos
Lejanamente alguna vez

Yo escribo porque sigo buscando rostros
Que signifiquen el mío
Que combatan conmigo el frío y la miseria y el miedo
Que multipliquen los panes y los peces en nuestra mesa cálida
Donde bebemos el vino de la proximidad
Donde nuestra diferencia es otra forma
De darnos caricias
Tendiendo líneas entre los distantes puntos de luz
Que somos en la oscuridad

Así yo escribo, así yo canto
Y amo y río y escucho
Y temo con un miedo más ancestral que mi memoria
Pero así, aún, escribo
Y así ellxs cantan y bailan y pintan
De fosforecentes colores
Sus múltiples soledades y anhelos
Sus miedos y angeles y amores
Sus risas y su ira
Engrandeciendo, avivando
El punto de luz que somos
Y así acortando
A fuerza de sangre, cuerpo y sueños
Está sentida oscuridad


jueves, 9 de marzo de 2017

Clamor I

Mujer verde, mujer danza
Haceme tierra adentro tuyo
Necesito el silencio subterráneo de las plantas
La humedad de tu útero latente
Para soltar la lágrima del cuerpo
Escuchemos la lluvia juntas
En el refugio de tus dedos
Yo toda tiempo y vos un templo
En el filo de la noche y de las ramas
Volver a casa, mujer viento
A la copa de tus árboles añejos
A la piedra que en el río se clarea
A la cueva de tus uñas y tus huesos
Llévame a casa, mujer selva
Ahí donde se riega mi mirada
Donde el color de las violetas siempre estalla
Efervescente 
como el mar en las orillas.

martes, 5 de julio de 2016

No hay dónde regresar

Tu hermosa,
delicada sensibilidad,
de flores y desierto
Aída.
La lengua y el aire
danzan tu nombre
Levitan en tu cielo
Aída.
cómo no buscar tu boca río fresco
bajo la sierra
Cómo no sonreír tu risa
mujer que camina
adornada de guerra.
Aída...Aída...
Allí donde la luz se hace melodía
Aída...Aída.
Dame el viento huracanado
de tu pasión
como un cuchillo,
una diatriba.

martes, 3 de mayo de 2016

Calle 63

Ahí, estaban, como de otra galaxia. De cuero, un poco sucios, aproximadamente un talle 42. A simple vista impecables, formales, para usar con un traje y hacerse el James Bond. De cerca, se apreciaba que eran de pares diferentes. Casi algo normal: la basura de alguien, una caridad para los descalzos, un olvido o descuido. Pero no, dos pequeños y sanos helechos ocupaban los zapatos a falta de pies. No se les movía ni una hojita frente al concepto de calzado, ellos estaban ahí lo más campantes, indiferentes a nuestra angustiosa necesidad de significados.
¿Serían un regalo? Estaban en una puerta, como esperando a alguien o invitando a entrar; un mensaje en clave para lxs curiosxs insaciables, para lxs "Harriet la espía" del nuevo siglo. 
Una alarma de los dioses para lxs que creen en el más acá. Un suspiro de sonidos y sabores, convocando a las pequeñas artes de la hechicería cotidiana. A la poesía mágica de lxs tristes caminantes con cansancio o espanto o milagro para lxs que el mundo se detiene en un portal con zapatos-maceta. 
Es que, seriamente: ¿Qué otra cosa son unos helechos calzados, sino una convocatoria urgente a soñar?

***

Pedimos una birra en el kiosquito y nos hicimos los intelectuales discutiendo pelotudeces. Nos sentamos en la diagonal a seguir la manijeada. Me hizo enojar tu soberbia, te reíste de mí. Me calenté tanto que pensé en levantarme e irme. No sé en qué momento eso se transformó en algo sexual. Nos besamos casi con violencia, como si fuese una manera de seguir discutiendo y peleándonos por tener razón. Reíste nuevamente, pícaro y con los ojos llenos de diablura. Me calenté aún más, te dije que eras un pelotudo. Lo que me gustaba de vos también me molestaba. Al poco tiempo, sólo quedó la molestia.

***
Un seis de picas uolvidado al lado del cordón. Un sinfín de posibilidades frágiles tiradas en la calle que da a la plazoleta. Algo tuvo que significar, de lo contrario ¿para qué molestarse?
Un seis de picas diciendo algo en lenguaje extranjero. Buscando unas manos extrañadas que lo levantaran del piso y lo cargaran de fábulas y misterios. Un mensajero de los confines, trovador de otras galaxias con poesía de buenas nuevas.
Del otro lado de las manos extrañadas, un cuerpo. Y activando éste, una mente nativa digital con acceso a dios a un click de distancia.

Comprar la yerba. Terminar de silbar la canción. Sacar las llaves del bolsillo. Abrir la puerta. Correr al perro de la silla. Prender el monitor. Teclear “qué significa el seis de picas” en el buscador. Dejar para lo último las respuestas de Yahoo. Abrir páginas de sitios que parecen legítimos: “astrologíaesotérica”; “tuguíainterior”; “elblogdelyosiendo” (ese quizá no tanto). Abrir en nueva pestaña unas 10 veces. Leer todo. Encontrar respuestas contradictorias. Agrupar similitudes. Clasificarlas. Hacer una estadística. Ponderar una respuesta. Darse cuenta que es bastante de mierda. Desconfiar. Sentir con intensidad lo pelotudo de desconfiar sólo porque el resultado es adverso. Responderse que de última todo es bastante pelotudo. Levantarse de la silla. Acariciar al perro al pasar. Poner la pava. Sentarse a esperar. Ponerle yerba al mate. Reflexionar.


Un seis de picas olvidado al cruzar la calle. ¿Nadie más vió la señal? ¿Es que la curiosidad nos esquiva? Un naipe tirado como botella al mar en este día de otoño en la ciudad. Un fósforo prendido entre lo oscuro de los cables de Fibertel. Una flor de verdad oculta entre ramos de plástico. Un secreto desnudo esperando bocas que lo cuenten. Más allá de charlatanes y tecnología. Más acá de la intuición y la contemplación. Desparramado en la calle, para que lo veas. Y para que por un rato, crees, y creas.

jueves, 24 de diciembre de 2015

la patria es la piel ensoñada

hace cuatro días que no dormimos // tenemos el cuerpo electrificado // miramos por sobre el hombro en cada esquina // las partículas de luz nos hablan // la televisión es cada vez más repulsiva //  las plazas tienen cada vez más vida // lejos de acá muchxs siguen muriendo // en mudas estocadas // y  los poderosos del mundo se disputan la muerte total.

 del otro lado del binocular estamos nosotrxs // en la parte chiquita // durmiendo del mismo lado de la cama // asqueadxs de los diarios que nos mienten // contando sueños y lunares // amándonos sin comprendernos // sufriendo // gimiendo // comprando pan dulce de navidad // recordando a alguien // puteando al colectivo // contando días para que se termine el laburo // preguntándonos por el color de la vida // por la posibilidad de una poesía viva // con la pasión extraordinaria que se agolpa bajo nuestra garganta // y que explota por fin //como un globo y una mentira.

 ¿cuándo? // parece que quieren que nos matemos entre nosotrxs // que nos arranquemos la piel con los dientes // que nos comamos de odio // pero las estrellas se ponen espesas y la densidad de la luna // abre cierres y baja breteles // y se mezcla el sexo y la sangre y la mierda // con el mágico misterio del existir // de la insurrecta voluntad humana // por devolverle a todo eso // tan cristianamente reprimido // tan conservadoramente manoseado // el carácter divino que le corresponde.

del otro lado del binocular estamos deseando a la vecina // estamos soñando con besos bajo sábanas más blancas que nuestras lágrimas // estamos peleando // nos comemos cada vez menos el verso que nos inyectan  // aunque lo chupamos con ganas // parece mentira que estemos así // tan efervescentes y perdidxs // tan a la buena de un dios mercado que nos marca la tendencia // tan arrojadxs al miedo // a la soledad // pero tan resueltxs a romper el círculo vicioso // a despojarnos // y ascender // a la libertad más deliciosa.

estamos en la antesala a algo // nos lo olemos // nos tiene igual de atentxs y atolondradxs // nos magnifica como un altavoz // saca todo para afuera // se destapan las ollas olvidadas // nos quema el agua hirviendo de lo irresoluto // del error conocido que venimos a reformar // ya no más // porque el lujo de una próxima vez // es otro precio que se infló hasta el infierno.

es tiempo de ir por todo // sin tapujos // hacerle frente por todos los frentes // a los monstruos de la desmemoria // del olvido organizado // de lo malaprendido y malenseñado // de la absurda vergüenza y la falta de confianza // no queda alternativa.

la patria es la piel ensoñada // es el cuerpo florecido en lucha // es la firmeza del árbol // la tardecita ligera // la sonrisa escondida en lo profundo de la tierra // no nos pueden arrebatar lo que decimos // la historia canta // no nos pueden quitar lo que bailamos // no nos pueden negociar la sangre porque ésta pertenece al cielo // a nuestras manos ajadas // a la montaña que abraza // a nuestros ojos que se buscan // a la calidez del viento en enero // a la majestuosa gloria de los sueños simples.

pan tierra y trabajo // y la magia de cada día.

jueves, 1 de octubre de 2015

Fantástica

Estoy buscando la magia.

Un día escribí sobre su titilar,
encapsulado en vasos plásticos con café
y paradas de colectivos.

Estoy buscándola
para que nos sentemos, mate de por medio
y confesarle que la amo

que he vivido triste
pensando que vivir era otra cosa
y no magia, invencible, victoriosa

bailoteando en las polleras largas y azules
de mujeres de viento
o en el rulo sucio, pegoteado
de un niño que se ríe.

 Yo sé que anda por ahí
escondiéndose en las esquinas
jugando a la mancha con las estaciones

envolviéndome en mi pintorcito del jardín
trenzando mi pelo, despeinando mi flequillo
y mirando por el hueco
que dejaba algún diente que perdí.

En cierto momento la encontré en algún libro
mientras el sol giraba en el patio de baldosas
o se transformaba en rayo de luz polvoriento
filtrándose por la persiana baja.

Después siguió corriendo y yo seguí
medio encantada medio perdida
y la sorprendí en un disco
que me hizo volar noches enteras

o en el beso de lluvia de mi amor florecido.

Quiero encontrarla y seguir toda encantada
-ya no perdida-
maravillada de su frescura insaciable
y del rojo que deja
en mis labios asombrados.

Magia,
nos toparemos pronto.
Me lo dice algún lunar
de mi agotada lágrima
que entre risas y ajenidades
no cesa de buscarte.

viernes, 31 de julio de 2015

Decisión


-¿Qué pasa si hoy, que llueve
me pongo el pantalón más factible
de empaparse?

¿Qué pasa si hoy, con los últimos mangos
compro puchos y no
el almuerzo?

¿Qué pasa si hoy, que estoy tan pesada
me cago de risa de mi cuerpo
de mi atasco, y dejo de darle vuelta?

¿Qué pasa si me planto
y me niego a sentirme títere
de fuerzas que me escupen
desde el pedestal en donde las puse?

¿Qué pasa si me dejo de creer
que todo lo que pasa,
tiene que tener un por qué?

¿Qué pasa si decido que vos sos vos
y yo soy yo
y por tanto, tenemos puentes pero no espejos?

¿Qué pasa si hoy construyo un sueño
parecido a este día
que estoy viviendo?

¿Qué pasa si me niego a llorar
por los muertos
que no me pertenecen?

¿Qué pasa si hoy decido que
quiero hacer otra cosa con el tiempo
que se me ha dado?-

-¡Qué va a pasar! ¡Nada!, ¡Todo!, ¡Lo que hagas!
Que fama tengo, viejo...- suspiró Dios.



viernes, 26 de junio de 2015

Sal

Qué se puede hacer con tanta tristeza.

En esta noche larga,
sin refugios,
mientras el agua salada me invade,
pregunto:
qué se puede hacer.

Yo miro los ojos de los que amo
los amo con un amor cada vez más profundo
oceánico
y los veo inundarse
de agua salada
de llanto, de mar.

Los veo luchar contra las corrientes del miedo
de la desesperanza
de la indenfesión
y lloro:
alzo los ojos al cielo y me pregunto
qué se puede hacer, dios
con tanta tristeza.

Acaricio sus cuerpos magullados
golpeados contra las rocas
contra las dudas
veo mi sangre en sus heridas
y me pregunto
qué se puede hacer.

Yo conozco sus pieles
sus sueños
sus sonrisas
cálidas como un sol
que nunca se esconde

Yo los he visto brillar
con una luz rabiosa
que compite con miles de luciérnagas
en una noche clara
pero qué se puede hacer

Golpeo las paredes
aullando herida
y pregunto todos los por qués
de una vez
rasguñando el piso

Clamo por la visión
de la calma
por unos minutos de paz
genuina paz, sin trampas
para nuestras almas.

Todo lo que tengo es este amor
y el agua salada
entrando por la puerta
ahogándonos,
congelándonos.

qué se puede hacer con tanta tristeza.



2 lts y 1/2

Ríos, inmensos ríos caudalosos. Ríos dulces y sonoros, juguetones. Rápidas correntadas golpeando contra las piedras, contra los bordes.

Mares. Mares infinitos, alunados. Espuma gris pegotéandose a la arena, dejando huellas que mueren al rato de ser abandonadas.

Querés beberte esos mares, beberlos enteros, olvidar la sal. Beber el río verdoso y el agua cristalina.

Beber porque tu cuerpo necesita sentir la saciedad. Beber tales magnitudes, sin preguntas, sólo instinto.

Saborearlo todo. No dejar ni una gota, ni una lágrima rodando por alguna roca que ignora la sed.

Nada. Toda esa agua en tu cuerpo, fluyéndote, destruyendo a su paso los canales, los diques de contención, los puentes, las edificaciones.

Desmoronando toda estructura, toda necesidad de quietud, de solidez. Como si el agua no fuese el elemento más sólido de todos, sólida en su impronta avasallante, en su forma de escabullirse, entrometerse en los recovecos, los resquicios.

La soberana de las cosas. La única. Con su seca y jadeante contrapartida: La sed. En esa eterna persecución, esa disputa. En esa contienda feroz e intrincada.

Zambullirse, abandonarse. Vibrar con la excitación del cuerpo dejado al quehacer de las corrientes.
 Sólo así se nada la sed, la arena en el alma que parece correr como el agua pero obstruye en forma de rigidez.

Sólo así acabarás con la quemazón de la tristeza, que
enciende todo tu ser.

domingo, 21 de junio de 2015

niñaeternas

Me llegan gentes. Me adentran hondo. Las veo y siento que están viviendo en territorios oníricos: paisajes violetas de acuosa resonancia, de frío dulce en la cara y arriba, el sol.
Veo sus pies moverse -delicados pájaros brillantes-, elegantes como en una danza o en un ring, ¡furiosas aves saltarinas!, o quizá más bien son una foto todo color de sus almas viajeras, niñaeternas almas llenas de discos, y asfaltos crackeados por plantas.
A mi, al menos, solitaria observadora reportándose desde alguna noche sin dormir y sin reír, me reconfortan. Despojada ya de todo malverso, de cualquier deseo ruinoso...me calman.
De verdad percibo los sueños como fotos en sus ojos llenos de remos y ríos cruzados. Ojos con candados rotos, sin llaves ni guardias, para el mundo.
Y sonrío. Desde mi jaula hecha nido, construida con ramitas de miedo y olvido (malvivido...malherido...) sonrío.
 Me hacen, y lo digo, menos muralla y más salto.
Más deseo en mi piel de llanto.
Más luna llena en mi danza  y canto.
Menos pregunta estéril y más relato,
más cuento para niños que no arden contra la gente.
Más cuento para ellos, que no temen a la muerte.

martes, 26 de mayo de 2015

Jazz

Ahí estás
Quién diría
jugo de naranja y humo
volutas de color subiendo por la habitación.

Escuchás ese disco y pensás
quehaceres, horarios, rutinas
el niño haciéndose adulto
pero meciéndose, bailando.

"Sí, estoy bailando", decís
es mentira que no te gusta
esta sensación de noche
tarea cumplida
final del día.

La dulce relajación del calor
tu casa
tu mesa donde escribís
comés, leés

Donde alguna vez hiciste el amor.
Tal vez con este mismo disco.

Sonreís. Hay noches y noches.
Esta tiene el gusto del cansancio dulce
la satisfacción del movimiento
de la actividad.

Pensabas, sí
en lo que se quiere
en las obligaciones
los deseos, las tinieblas...

Pero ahora estás bailando
tu cabeza empezó a marcarle el ritmo al pie
despacio, sin apuros
hoy no hay corridas
no ahora; no hay mañana más
que el humo
y el jugo de naranja.

No, no es licor ni whisky
es jugo. Nada de eso,
no hay necesidad de estereotipos
de noche y de jazz.

Encendés, sin embargo, otro cigarrillo.

Hay algo en vos que aún se resiste a tanta vida
 brotando repentinamente.
Los dolores, la lucha, el miedo.
Quizá todo eso, quizá algo más.

"No importa", decís
de verdad no te vas a boicotear
por una vez que bailás
que soltás esa piel
ese aroma a verdad...

Y estás bailando.
Súbitamente bajaste las luces
despacito. El jugo
el vaso, la noche
giran. Delicia.
Las luces que se ven desde la ventana
hacen reverencias cansinas
al hombre que las baila.
Ellas también dicen

"Por una vez 

que suelta esa piel..."

y sonríen.
A veces vuelve.

Cuando son las cuatro de la mañana y te diste cuenta que necesitabas descansar y el finde largo
se te fue de las manos sin siquiera darte tiempo a reaccionar.
Cuando estabas demasiado embotada pensando en hacer o en distender o en dejar de pensar.
Cuando estabas mandando a la mierda a toda esa gente que te hizo mal
y recordando a los que te sacaron una sonrisa, por más mínima, regalándote algo de paz.

A veces vuelve.
Siempre tenés miedo pero estás intentando cada vez con más firmeza no dejarte desanimar
Pensando que la única manera de sobrevivir a este caos de sentidos es crear uno
en el cual depositar la fe.
Siempre creés ver que en el fondo del lago algo se está retorciendo
y que la calma de la superficie en cualquier momento se va a quebrar.

No importa, decís
No importa.
"Lo que viste fueron jirones en el aire, ya pasó", te cantás.
Esa inmensidad oscura que parece comerte por dentro no es real
no está allí. Nadie puede decirte que estás mal, que hay un error
con vos, con tu piel, con lo que sentís.
Nadie puede empuñarte la culpa, agitarla en tu cuerpo
hacerte sentir el frío de su filo en los labios.

No importa, repetís.
Las leves puntadas en el estómago
no querer dormir sola y mirar hacia los costados, alarmada.
No, claro que no.
Las preguntas en tus ojos mirando los ojos que amás
cuestionándote hasta el hartazgo toda la literatura que te quemó los sesos
los mandatos, los deberes, lo que creías, lo que entendiste.
Todas esas palabras que te pintaron ciudades de colores brillantes
y complejas abstracciones sobre el vivir
todo lo que no te deja conocer el verdadero gusto de la realidad.
todo lo que te hace preguntarte dos veces si "eso" es realmente lo que "es".

A veces vuelve.
Mirás hacia atrás casualmente, casi por error
moviendo las páginas de vos misma
te preguntás si estuvo bien. Te preguntás si es justo preguntarte eso.
Te enojás, volviste ahí. Volvió.
La puta madre.


Ese bicho horrendo que te chupa la sangre está tocando timbre.
Dice saber que querés que entre.
¿Qué carajo puede saber ese asesino? ¿Ese coso que ni boca tiene,
que no puede cantar, ni escribir, ni bailar?
¿Eso que se queda en los lugares oscuros y sucios
diciéndote que te pertenecen, que son tu hogar?
No, no. Ni en pedo, ni loca.
Eso de nuevo, no.

Armás un pucho, lo prendés, reflexionás.
¿Qué hacer? Sigue ahí..
Lo sentís respirándote en la nuca, babeándote el pelo.
Punto para vos: ya no te da miedo. Si, a cambio, un asco tremendo.
Escuchás el ascensor subir y bajar. Qué bueno sería que alguien lo vea
y sea otro el que tenga que lidiar con...eso.
Pero no, es algo tuyo, lo sabés. Pitás profundo.

No podés quedarte adentro para siempre. Tapar la cerradura para no ver su ojo
viéndote. No, es absurdo que lo dejes ganar así.
Vos sabés que no tiene sentido que te diga lo que te dice,
lo escuchás reírse y sabés que ni siquiera tiene boca, que no puede.
No, basta. Dejáte de joder con estas cosas.
No tenés idea de lo que significa vivir pero esto no puede catalogarse
como vida. Ni siquiera podés afirmar que el coso ese está, efectivamente, vivo.
Solo te mira y se ríe, se ríe por todo aquello que te duele y te averguenza
se ríe porque sabe que para echarlo tenés que enfrentarlo
y te cuesta.

----

El estómago lleno, doloroso, hinchado. Pero no fue gula, no fue alcohol.
Te acordás de la vuelta que fuiste al hospital y conociste a esa doctora que todavía creés
que la envió alguna entidad superior para despabilarte.

-Me duele la panza, doctora, es un dolor raro y ahora también lo siento en la parte baja de la espalda.
No me deja comer absolutamente nada, la verdad que no sé...
(La doctora interrumpe con preguntas que a la narradora le resultan extrañas. En medio del cuestionario, sobreviene una cuestión clave)
-¿Qué estudiás?
-Comunicación
-Ah, justo lo que te está faltando...(las palabras se pierden en la caída libre emocional de la paciente. Baja -momentáneamente- telón)


Te dejó pedaleando en el aire durante días, semanas.
Todavía te duele la panza y más de una vez te preguntás si vas a terminar conviviendo con esa sensación por el resto de tu vida. Siempre muy extrema, y siempre sin retractarte.
Te estuviste observando, entonces.
Para algunas cosas son bastante constante.
Estuviste sintiendo y viendo, en doble papel de actriz y espectadora, todas las veces que estos últimos días te tragaste palabras que tenían que salir.

Mierda que fueron muchas. Y algunas tan al pedo...
Con gente que querés, que conocés. Con gente que no tiene idea de quién sos y te falta el respeto porque cree que puede. Con otros que tampoco saben quién sos y hubieses querido abrirte, que lo sepan. Con gente que querías que te escuche y se distrajo mirando una mosca. Con gente que te puso en un lugar en donde no querías estar. Con gente que jamás te pidió nada aunque te dió demasiado.
 Con gente que te mira y sólo con eso te está diciendo cosas que tenés ganas de prender fuego, de destrozar (sería distinto si las palabras se pudieran romper así, como tazas que se caen o cortinas que se desgarran)

Algunas veces lograste decir (el coso atrás de la puerta lanza una carcajada) lo que querías.
Otras, sólo pudiste esbozar un estornudo de sentimientos.
Tenés la garganta cada vez más rota y te cuesta respirar, es como si adentro tuyo hubiese demasiadas cosas que te están quitando espacio.
Escuchás tu voz volverse cada vez más quebradiza. Lo escuchás cuando hablás demasiado y clavás 200 palabras por segundo y no te están dando bola. Lo escuchás cuando quisieras haber metido bocado y te quedaste con el nudo en la garganta volviéndose yunque. Lo sentís cuando dijiste tanto y te respondieron tan...otra cosa.

La cosa detrás de la puerta también prende un cigarillo.
Escuchás el ruido del encendedor. Te preguntás si lo fumará con el ojo
o con qué carajo, si la porquería esa no tiene boca. Se vuelve a reír.
Cómo se ríe...hondo, tenebroso, lleno. Se ríe como si no supiera hacer otra cosa.

Ya está, ya fue. Te hierve la sangre de cosas que no podés controlar más.
No vas a explotar, vas a canalizar, pensás.
Ahora vos te reís, mientras cazás la guitarra, la sartén
los zapatos, una silla. La mesa del comedor, la planta que hace unos días te regalaron.
Armada con todo eso y con los roles invertidos, ahora sos vos la respiración que
el monstruo escucha, mirando por atŕas del hombro, con miedo a acostarse solo.
Ahora sos vos el nudo de porquerías en el estómago, las preguntas por el ser y
el no ser y la fe y el amor y lo difuso de la realidad.
Le sacás punta a una pata de la mesa mientras abrís la puerta y, revoleando la sartén
le apagás el pucho en el ojo. El bicho grita de dolor, se retuerce. Te dice que no quería volver, que lo obligaste -encima, te quiere hacer sentir culpable-.
Ves como saltan los chorros de tinta y el coso grita mientras la guitarra hace su labor
partiéndose en la cabeza de "Eso" (si es que se le puede decir cabeza)
Nunca sonó mejor. Te ponés a cantar una de Zitarrosa que habla de la canción.
Es como un exorcismo para el monstruito.
Con los zapatos tenés una misión especial:
Les pedís si te conceden una pieza y luego del gesto afirmativo,
bailás con ellos encima del bicho.
Bailás enloquecida, como cuando te encerrás en la pieza y no hay nadie que te pueda parar.
Escuchás los chillidos y la guitarra todavía vibra partida en el piso del sexto piso.

Ya casi extinto, mirás hacia abajo para ver bien y por última vez a esa patética criatura.
Con el pecho lleno, la panza libre y la garganta abierta, improvisás un par de notas. Le cantás un blues. Uno de despedida.
Y le gritás que la próxima vez que te venga a callar la boca
te vas a sentar a escribir éstas líneas.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

(Tu sonrisa se me ha clavado
como la imposible espina
de un lirio)

Dame tu lengua
que me lacera
tibiamente.

Caigo en tus piernas
como caigo en los nudos
que entrelaza el perdón.

martes, 1 de octubre de 2013

Mirar hacia adelante.
Esperando que el sol salga
sabiendo que lo hará.

Buscar en las grietas de las manos
las raíces de las plantas
que te habitan.

Y si el pecho se estruja
escribir hasta alisarlo
y dejarlo volar en el torbellino.

Porque la libertad es persistente
es de piedras y río.
Es camino.

Y no morirá quien insiste
con todas sus fuerzas
en ser nube del cielo.

No morirá quien entienda
de marcas y heridas
y de sed y destino.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Soy tan chiquita
en toda esta soledad.

No veo luz.
No veo amor.
No veo fuerza
ni apertura.

Soy tan chiquita...
no veo la puerta
que me trajo hasta aquí.

No veo mis pies
Ni mis manos.

Soy tan chiquita
en toda esta oscuridad.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Quiero romper
el chaleco de fuerza
 de mi alma

estoy viva
estoy entera
tengo mucho dentro

pero lo que en verdad llevo
lo que anhelo multiplicar en mí
es el tiempo.

Ya no será condena
ya no será un apremio
el tiempo se hace mi aliado
es mi amante
y mi cielo.

Ya no corro en su contra,
ni me persigue,
me muevo cadenciosa
 junto a él.

El tiempo es mi respuesta
es el sol de cada mañana
en mis muslos;
Es mi diadema.

El tiempo será mi pan
y será mi piel.
Será, en la última página
el final de la sentencia.


viernes, 13 de septiembre de 2013

La palabra espera.
Su magia encapsulada titila desde las farolas del parque.

Aguarda.
Se oculta en el vuelo de una falda.
En un vaso de plástico con olor a café amargo.
En los stíckers de las paradas de colectivo.

La palabra sabe cuándo.
Siempre conoce el momento justo
para romper tu ropa y agujerearte entero.

Y así como ella mantiene el ritual
de tiempo y paciencia
de instante congelado,

Así nosotros.
Así vos, esperando la gota de claridad.
Así él, esperando la nube y la marea.
Así ella, que fuma en silencio.

Así yo, espero.

(Dios le propone espera
a la que muere en ansiedad)

También seré relato.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Ya no quiero buscarte
pero el deseo me come
me va desgarrando
en dulces jirones.
Me hago éxtasis
y me corto mil veces.

No quiero perseguirte
clavarme tu lengua en el cuerpo
sangrar el beso salvaje
y la caricia huracanada
de tu piel impredecible.

Me nacen desde el pecho
un coro de olas que buscan
estrellarse en tus caderas
en tus piernas largas
en tu gemido más ronco.

Todo este deseo me ata
me golpea
y me escupe en la cara
el cuento donde ya no importa
esta ansia oscura
y triste
de tenerte.

Estás lejos y yo
desando la distancia entre
nuestras manos
eludiendo torpemente las flechas
el fuego,
y los vientos de tus ojos.

Estás lejos y todo
me aleja más
Aún cuando me resisto
y lucho
y vuelvo.

Pero ya no quiero desearte así
luna de mi dolor,
necesito que la noche
y su sensual daga
terminen.


Camino
los árboles recortan el trayecto

Alguien corre.
Los rapados se entrenan con palos
y todo miran.

Busco el bosque
pensé la muerte en el asfalto
y pensé en el vientre de la arboleda.

Estoy respirando.
Me recuesto y quiero ser
tan árbol como el resto.
Ellos también tienen número.


(Abrazáme)

viernes, 9 de agosto de 2013

Paciencia
Templanza
Calma

Mi cuerpo dispuesto
a la caricia del viento
al abrazo del sol
a la lengua del mar.

Pero un poco más de tiempo
es preciso

y el mantra resurge:
Paciencia
Templanza
Calma.

Te besaré, amor mío
como nunca
Y te amaré, vida mía
con una intensidad
nueva
distinta
poderosa.

Abriré los ojos
a la conciencia más plena
y hermosa.

Pero vuelve a mí
el ahora.

Paciencia
Templanza
Calma...